miércoles, 15 de agosto de 2007

CRASH!



Dicen que el universo se creó por una hecatombre explosiva e inesperada (algo más que lógico teniendo en cuenta que no había nadie que estuviera esperándola). En fin... algo sí tuvo que estar detrás del estallido aquél. ¿El mismo universo? La verdad es que Dios en esa idea o no me estorba para nada. Con años de educación católica y los posteriores caldos de cabeza que (gracias a Él) permite la universidad, ya he llegado a un punto en que puedo equilibrar bastante bien ese tema dentro de mi cabeza escrutadora y medio obsesiva.

Para alegría de mi abuela, mi mamá y otros parientes creyentes, los estudios no lograron lavarme el cerebro o, más bien, sacar la fe de ahí (hasta el momento, claro está). Pero sí la transformaron y terminaron de aplanar sobre el pavimento a los emisarios divinos, esa Iglesia tan arribista que siempre olvida lo q es (emisarios) y termina arrancándose con la pelota igual que el cabro chico nortino de "Historias de fútbol". Qué malos subordinados.

Y aunque los fervientes me digan que soy cómodo, prefiero entenderme con Él. Es una palabra grande. Tan grande que puede ser sinónimo de muchas otras, porque caben dentro suyo y porque tras de sí hay una energía tan poderosa que no hay lugar para egocentrismos como los del autor de este blog. Por eso no me hace ruido hablar de Dios y universo como si fueran lo mismo. O de Dios y vida, si quieren ponerse más cursis (no asociaré Dios con amor porque se sobreentiende y no quiero salpicar la pantalla de clichés aunque harta verdad dicen a veces). Pero es la idea. El tejido que atraviesa todo. Eso que mantiene las cosas en perfecto orden, para que pase lo que tiene que pasar, en el momento que tiene que pasar, sólo porque tu, yo, nosotros y ellos tomamos minúsculas y mayúsculas opciones en tal o tal lugar y momento. O, simplemente, porque es el baile que te toca bailar y es el mejor aporte que puedes hacer.

Ahora, claro, soy un idiota como la mayoría nada más. Porque cuesta entender la tonterita. Cuesta ver que aunque estés bajo la nube negra, es simplemente perfecto que te esté empapando de malos ratos. Cuesta ver la perfección del dolor, porque no somos capaces de ver el todo, de ver nuestra vida como si fuese una película compacta, una historia ajena y con sentido si la ves así, ajenamente. Vemos trozos, pedazos, vemos el trozo actual, el que nos desespera, nos alegra, nos nubla, nos acomoda.

Ese tejido unificador es harto vivo. Te pesca del pelo en un minuto y te hace abrir los ojos, los oídos, y te hace arder la piel. ¿Qué pasó? ¿Te estabas haciendo el huevón? Con más o menos conciencia, siempre es así, creo yo. La nube negra te moja para que despiertes de una modorra que de alguna manera facilista te convenía, pero no te hacía mejor ni más feliz. Lo malo es que cada cierto tiempo los que somos simples mortales nos echamos una siestecita...

Pero yo ya desperté. Y me estoy mojando la cara con agua muy fría...






1 comentario:

Magdalena Soto dijo...

Diego, espero no estar rompiendo mi promesa. Supongo que en estricto rigor no estamos hablando y claro, no tienes que responderme.

Te busco, te leo, te recuerdo, te extraño... Te espero.

Mane.