martes, 6 de mayo de 2008
ALBEDRÍO
Y siempre llego al mismo común denominador: la libertad de cada uno.
¿Por qué existe acá tanto caballero con vocación de pastor de rebaños? ¿Por qué siempre nos quieren tratar como una manada uniforme, donde las ovejas tienen que verse igual, hablar igual, pensar, sentir y, sobre todo, creer lo mismo?
Eso no es orden, eso es represión.
La píldora es una muestra más de que no todos usamos la misma ropa... y hasta donde yo sé, el closet lo llena cada uno. Y si la ropa le queda chillona, apretada o incómoda, allá él...
jueves, 13 de septiembre de 2007
ERASE AND REWIND

Un tipo se pega un chancacazo en auto (un chancacazo múltiple, además). El tipo queda a harto mal traer, porque se el chancacazo es en la cabeza, en su caso. Producto del chancacazo en la cabeza, pierde la memoria: no tiene idea de lo que ha sido su vida en el último año. Parece folletín de Corín Tellado, pero es una de las tramas de la teleserie de TVN. El chancacazeado no se acuerda de que en el último año se enamoró de su kinesióloga y el día del chancacazo había abandonado a su esposa para irse con ella al extranjero. Ya, es teleserie, qué más da. Pero lo que me llamó harto la atención fue la reacción del personaje cuando volvió a ver a la mujer que amaba hasta el minuto en el que se fue a negro: no la recordaba. No, claro, estaba amnésico, se explica que no la recordara “cerebral” o “neuronalmente” hablando. Pero este gallo se fue al chancho: ninguna parte de sí parecía recordarla. O al menos sentir “algo especial” por ella. Ah, mierda, me dije, y eso que esto es una teleserie, el palacio del cliché romántico.
¿Será que los guionistas de TVN postulan entonces que el amor está en el cerebro? Es un tema sabroso. Los que escribieron “Eterno resplandor de una mente sin recuerdos” (no una teleserie, sino una de las películas más románticas según quien escribe esto) se fueron en la otra dirección. Como el “team leader” tras el script era Charles Kaufman, no cayeron en muchos lugares comunes que digamos, y contaron una increíble historia de amor y (des)olvido envasándola en una apariencia bastante poco convencional. Pero era amor del duro, del resistente, del no-olvidable. Acá no había chancacazo en auto. Bueno, no propiamente tal. Era un chancacazo más bien tecnológico. Médico. Cerebral. Dirigido e, incluso, autoprovocado. Pero a pesar del complejo sistema neuroinvasor que mostraba la película, no hubo caso. El manoseado concepto del amor sigue siendo pese al manoseo histérico uno de los misterios más grandes del espacio sideral. La película no se encargó de desentrañar la causa, más bien la rebuscada técnica que destruía conexiones en el cerebro para destruir los recuerdos amorosos, buenos y malos, sólo fue la excusa para reírse un poco del enigma y dejar en claro que aunque el hombre pudiera invadir el caótico mundo mental y controlarlo, hay cosas que se “sitúan” en lugares poco accesibles, tal vez porque sencillamente no están físicamente en ninguna parte.
¿Por qué recordamos el amor? ¿Por qué duele e ilusiona? ¿Por qué “provoca” cosas? Son preguntas que suenan a ¿Por qué estamos acá? Preguntas grandes. Contundentes. Universales. No estoy ni cerca de querer intentar responderlas. En “Eterno...” es cierto, los recuerdos se destruyen. Jim Carrey y Kate Winslet, los protagonistas, quedan igual que el tipo del chancacazo telesérico. Pero basta que sus miradas vuelvan a cruzarse para que todo el efecto dominó vuelva a iniciarse: un dèjá vu edulcorado, un atisbo de lo que fue y es pese a que no exista conciencia “racional” … o tal vez, simplemente la simple idea de que si dos personas tienen que en-amor-arse, no habrá chancacazo capaz de impedirlo.
A falta de respuestas definitivas, yo me quedo con todas las anteriores.
lunes, 20 de agosto de 2007
JUANITO

No, no me gustan los Chancho. No es que me desagraden tampoco, pero no me compraría un disco de ellos ni me sentaría tampoco a escucharlo. De hecho, cuando A-Ha vino a Viña y yo estaba en la galería cantando a todo pulmón “Take on me”, “Hunting high and low” y “The sun always shine on TV” entre otros temazos, había a mi alrededor un mar de Juanitos, vestidos de mil formas y de mil colores distintos. Hasta Ruperto y el Chapulín Colorado tenían su versión “marrana”. Y lo pasé bien cuando los Chancho salieron a escena. Pero de ahí a que sean parte de mi colección musical...
¿Cómo le pude sacar esta foto a un Juanito, entonces, si no formo parte de los Hermanos Marranos ni grito “Viva Chile mierda y los Chancho en Piedra” después de un Ceacheí? Porque es mío.
Este chicuelo llegó a mi vida cuando yo era un chicuelo también. No tendría más de tres años cuando lo veía todos los días en la vitrina de una tienda y me empezó a flechar porcinamente. Con el correr del tiempo ya empecé a hacer berrinches y pataletas y casi patadas y llantos en el suelo rogando que me lo compraran y recibiendo continuas respuestas negativas ante mi petición. La manipulación le sienta bien a los pendejos, porque lo conseguí. Nunca lo usé como alcancía eso sí, que era su finalidad última. Nunca habría tenido mucha plata para llenar tamaña alcancía, tampoco.
Pero el chancho amarillo, como se empezó a llamar en mi casa, pasó a formar parte del inventario y se acomodó arriba del refrigerador. Después de amarlo con furor empecé a detestarlo con la misma furia cuando me pegué en la boca con él y me hizo sangrar. Hasta ahí llegó el romance (ja!). Pero las familias crecen, llegan los primos chicos y pendejo que pasaba por mi casa se flechaba también con el chancho. Hasta el día de hoy.
En fin... Si aparecieran interesados... aunque en mi casa me maten, capaz que la necesidad tenga cara de hereje...
viernes, 17 de agosto de 2007
ALGUIEN TE CAPTA

A Pablo Illanes le acomoda el lado oscuro de la luna. Como que entiende bastante bien ese cortocircuito que se produce en la cabeza de algunos, los llamados freaks, lunáticos o derechamente psicóticos, que sirven para emanar “maldad” en las grandes tragedias dramáticas contemporáneas. Los dibujos que le quedan más bonitos tienen que ver con eso: acuérdense de la Alexis Opazo y la Cathy Winter de “Adrenalina” (dos “cándidas” colegialas), o los insuperables Sarita Mellafe y Axel Schumacher de “Fuera de control”, tomando en cuenta que precisamente “Fuera de control” era en su totalidad su ilustración más densa, asfixiante y agradablemente compleja. Hasta ahora. Después de que casi todo el mundo siguió en medio de una psicosis colectiva el tramo final de “Alguien te mira”, queda claro que el riesgo se corrió en el momento preciso: el horno ya estaba para bollos. De esos que no sólo se ven ricos y atraen comensales, sino que pueden tener un sabor bastante agradable al paladar de incluso los más exigentes. Illanes era el panadero ideal.
No es cosa de elevar a “Alguien te mira” al Olimpo, tampoco. Fue una teleserie, nocturna y todo, pero teleserie al fin y, como tal, los esquemas que rigen su construcción son bastante claros y ortodoxos. Por eso seguro me cargó la acelerada resolución de su último capítulo, porque me pasa en el 99,99% de los casos. Y por eso también yo creo, vimos (más allá de que funcionara bien o no) a Alejandra Fosalba muda en una cama por varios capítulos de la forma en que la vimos, y se permitieron esos guiños al romanticismo azucarado que exigen estas historias, pero que en los momentos claves de un buen thriller quedan un poco fuera de lugar. El aporte que hizo este guión de Illanes y Compañía fue variar un poco la receta de la abuela, mover el pesado carro en una dirección nueva, que conjugaba valor dramático y comercial en forma increíblemente acertada.
Harto sirvió la escuela, en todo caso. Harto sirvió empezar con “Ídolos” y darse cuenta de que mezclando en una juguera todos los bajos instintos de una sociedad bajo el rótulo de “teleserie nocturna” no se lograba ni de lejos el objetivo. Algo más se consiguió con la liviandad de “Los treinta”, pero la fórmula del fresco generacional simpático empezó a desgastarse. El golpe de timón vino a tiempo. Esta vez con sangre en vez de picardía... curioso, dos de las emociones humanas más potentes: la risa y el miedo. Alguien te mira... alguien te capta.
En TVN son mateos y hacen las cosas bien, de más está decirlo. Desde “Machos” que no se comentaba tanto una teleserie en el país. Otra curiosidad: Illanes también firmó ese guión, junto a Coca Gómez y Sebastián Arrau. Pero el horario nocturno le acomodó mucho más, al parecer. Coqueteó hasta con el gore. Le guiñó un ojo a Hitchcock y siguió una máxima que el maestro sentenció con solemnidad alguna vez y que decía más o menos así: coloca a dos personajes conversando sentados en una mesa y muestra que debajo de ella hay una bomba a punto de explotar. Eso es suspenso. El público se involucra. Que explote de repente, sin que supiéramos de su existencia, es sorpresa, y ésa dura sólo unos segundos.
Así que gracias Illanes, por mostrarnos la bomba Rudolphy a mitad de camino...
miércoles, 15 de agosto de 2007
CHINA COSHINA LA LLEVA...

Siempre han tenido fama de hacer las cosas "a la cundidora", como decían las abuelitas. Barato, sí, bonito, a veces, bueno... las menos. Te comprabas un lápiz grafito de ésos de colores chillones y con una goma de borrar arriba y a la primera de vérselas con el sacapuntas... la punta se iba a la mierda. Y así en todo orden de cosas... Mala, muy mala fama (lo que no quiere decir que los chinos sean malos fabricantes de todo y culpables de todos los males de la humanidad).
Pero ayer anduvieron cerca.
Uno de los condoros fue el de Mattel, que tiene que retirar del mercado 1 millón y medio de juguetes porque uno de sus fabricantes orientales utilizó un pigmento de pintura con altos índices de plomo, muy por encima de los índices permitidos. Además, un par de juguetes presentaba la presencia de imanes mal adheridos, que fácilmente podían ser tragados por los chicocos (ja). La cuática fue tal que acá habilitaron un fono 800 y los papases tendrán que mamarse la rabieta de los pendejos si es que tienen en su hogar alguno de los juguetes endemoniadamente mal fabricados (como por ejemplo un ejemplar de la película "Cars" o esa muñequilla llamada "Polly Pocket" en varias de sus variedades, valga la redundancia). Mal la hicieron los chinitos, porque más encima del millón y medio de productos en mal estado, un millón se vendió en Yanquilandia y es sabido que Jorgito tiene mal genio y por nada le mete bomba al asunto.
Después se supo lo de Nokia, que está retirando también baterías defectuosas de sus celulares por peligro de que se inflamen y puedan provocar un incendio. En este caso, hay que digitar el número de serie de la batería en el sitio web de la corporación y así averiguar si está entre las "elegidas". Nokia se comprometió a mandar por correo una batería nuevecita y bien fabricada a los afectados. Y sí... las hicieron en China.
Mal favor le hacen a los ojitos rasgados. Tienen la culpa de todos los condoros de las últimas horas sólo por tener una mano de obra y costos de producción más baratos... ¿No podría haber un poquito de fiscalización al menos antes de que el pan salga del horno? Porque está claro que el flojo trabaja (y gasta) el doble...
CRASH!

Dicen que el universo se creó por una hecatombre explosiva e inesperada (algo más que lógico teniendo en cuenta que no había nadie que estuviera esperándola). En fin... algo sí tuvo que estar detrás del estallido aquél. ¿El mismo universo? La verdad es que Dios en esa idea o no me estorba para nada. Con años de educación católica y los posteriores caldos de cabeza que (gracias a Él) permite la universidad, ya he llegado a un punto en que puedo equilibrar bastante bien ese tema dentro de mi cabeza escrutadora y medio obsesiva.
Para alegría de mi abuela, mi mamá y otros parientes creyentes, los estudios no lograron lavarme el cerebro o, más bien, sacar la fe de ahí (hasta el momento, claro está). Pero sí la transformaron y terminaron de aplanar sobre el pavimento a los emisarios divinos, esa Iglesia tan arribista que siempre olvida lo q es (emisarios) y termina arrancándose con la pelota igual que el cabro chico nortino de "Historias de fútbol". Qué malos subordinados.
Y aunque los fervientes me digan que soy cómodo, prefiero entenderme con Él. Es una palabra grande. Tan grande que puede ser sinónimo de muchas otras, porque caben dentro suyo y porque tras de sí hay una energía tan poderosa que no hay lugar para egocentrismos como los del autor de este blog. Por eso no me hace ruido hablar de Dios y universo como si fueran lo mismo. O de Dios y vida, si quieren ponerse más cursis (no asociaré Dios con amor porque se sobreentiende y no quiero salpicar la pantalla de clichés aunque harta verdad dicen a veces). Pero es la idea. El tejido que atraviesa todo. Eso que mantiene las cosas en perfecto orden, para que pase lo que tiene que pasar, en el momento que tiene que pasar, sólo porque tu, yo, nosotros y ellos tomamos minúsculas y mayúsculas opciones en tal o tal lugar y momento. O, simplemente, porque es el baile que te toca bailar y es el mejor aporte que puedes hacer.
Ahora, claro, soy un idiota como la mayoría nada más. Porque cuesta entender la tonterita. Cuesta ver que aunque estés bajo la nube negra, es simplemente perfecto que te esté empapando de malos ratos. Cuesta ver la perfección del dolor, porque no somos capaces de ver el todo, de ver nuestra vida como si fuese una película compacta, una historia ajena y con sentido si la ves así, ajenamente. Vemos trozos, pedazos, vemos el trozo actual, el que nos desespera, nos alegra, nos nubla, nos acomoda.
Ese tejido unificador es harto vivo. Te pesca del pelo en un minuto y te hace abrir los ojos, los oídos, y te hace arder la piel. ¿Qué pasó? ¿Te estabas haciendo el huevón? Con más o menos conciencia, siempre es así, creo yo. La nube negra te moja para que despiertes de una modorra que de alguna manera facilista te convenía, pero no te hacía mejor ni más feliz. Lo malo es que cada cierto tiempo los que somos simples mortales nos echamos una siestecita...
Pero yo ya desperté. Y me estoy mojando la cara con agua muy fría...