viernes, 17 de agosto de 2007

ALGUIEN TE CAPTA


A Pablo Illanes le acomoda el lado oscuro de la luna. Como que entiende bastante bien ese cortocircuito que se produce en la cabeza de algunos, los llamados freaks, lunáticos o derechamente psicóticos, que sirven para emanar “maldad” en las grandes tragedias dramáticas contemporáneas. Los dibujos que le quedan más bonitos tienen que ver con eso: acuérdense de la Alexis Opazo y la Cathy Winter de “Adrenalina” (dos “cándidas” colegialas), o los insuperables Sarita Mellafe y Axel Schumacher de “Fuera de control”, tomando en cuenta que precisamente “Fuera de control” era en su totalidad su ilustración más densa, asfixiante y agradablemente compleja. Hasta ahora. Después de que casi todo el mundo siguió en medio de una psicosis colectiva el tramo final de “Alguien te mira”, queda claro que el riesgo se corrió en el momento preciso: el horno ya estaba para bollos. De esos que no sólo se ven ricos y atraen comensales, sino que pueden tener un sabor bastante agradable al paladar de incluso los más exigentes. Illanes era el panadero ideal.

No es cosa de elevar a “Alguien te mira” al Olimpo, tampoco. Fue una teleserie, nocturna y todo, pero teleserie al fin y, como tal, los esquemas que rigen su construcción son bastante claros y ortodoxos. Por eso seguro me cargó la acelerada resolución de su último capítulo, porque me pasa en el 99,99% de los casos. Y por eso también yo creo, vimos (más allá de que funcionara bien o no) a Alejandra Fosalba muda en una cama por varios capítulos de la forma en que la vimos, y se permitieron esos guiños al romanticismo azucarado que exigen estas historias, pero que en los momentos claves de un buen thriller quedan un poco fuera de lugar. El aporte que hizo este guión de Illanes y Compañía fue variar un poco la receta de la abuela, mover el pesado carro en una dirección nueva, que conjugaba valor dramático y comercial en forma increíblemente acertada.

Harto sirvió la escuela, en todo caso. Harto sirvió empezar con “Ídolos” y darse cuenta de que mezclando en una juguera todos los bajos instintos de una sociedad bajo el rótulo de “teleserie nocturna” no se lograba ni de lejos el objetivo. Algo más se consiguió con la liviandad de “Los treinta”, pero la fórmula del fresco generacional simpático empezó a desgastarse. El golpe de timón vino a tiempo. Esta vez con sangre en vez de picardía... curioso, dos de las emociones humanas más potentes: la risa y el miedo. Alguien te mira... alguien te capta.

En TVN son mateos y hacen las cosas bien, de más está decirlo. Desde “Machos” que no se comentaba tanto una teleserie en el país. Otra curiosidad: Illanes también firmó ese guión, junto a Coca Gómez y Sebastián Arrau. Pero el horario nocturno le acomodó mucho más, al parecer. Coqueteó hasta con el gore. Le guiñó un ojo a Hitchcock y siguió una máxima que el maestro sentenció con solemnidad alguna vez y que decía más o menos así: coloca a dos personajes conversando sentados en una mesa y muestra que debajo de ella hay una bomba a punto de explotar. Eso es suspenso. El público se involucra. Que explote de repente, sin que supiéramos de su existencia, es sorpresa, y ésa dura sólo unos segundos.


Así que gracias Illanes, por mostrarnos la bomba Rudolphy a mitad de camino...

1 comentario:

Barbaridad dijo...

mayaaaa...
si, nada se compara a nuestros Vogues portenios... ya volvere, como te dije la otra vez, a aplanar el puerto contigo al ritmo de Madonna ;)
Te queyo muto!